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El Ojo de Dios

“Todo es divino,
¿cómo puede haber algo especial?
Todo es especial
Nada es no especial,
y por eso nada puede ser especial”

 

¿Cual es la relación entre cada niño que nace y el Ojo de Dios?

Cada niño al nacer es un Self, un Si Mismo completo y totipotencial. En términos mitológicos lo podemos resumir como un Ouroboro Plerómico. Es la  semilla de una potencia divina y total en el cual se hayan en estado latente las capacidades de una humanidad en permanente evolución.
Ken Wilber, notable sicólogo moderno, aporta  desde la mirada transpersonal la concepción que en esta semilla se recogen los procesos evolutivos de la raza humana pero también los procesos involutivos que el Atman habría desplegado para transformarse en materia, proceso que la humanidad ha metaforizado como el Big Bang. Este momento crucial en el cual La Nada o El Todo se transforman en materia, ocurrido hace unos 15.000.000.000 de años atrás nos estaría hablando del cómo desde el vacío total surge la materia permanentemente en un proceso que hoy la física está describiendo a través de sus teorías y que la mayor parte de las religiones describieron desde milenios atrás.

Este Pleroma Ourobórico deberá realizar un viaje descrito en las mitologías como el viaje del Héroe, para transformarse en Humano y lograr la misión que trae consigo. Este viaje supone una transformación desde etapas no humanas a etapas de humanidad en la cual cada héroe deberá incorporar, bajo represión, conceptos, ideas, paradigmas, estructuras, funciones, que lo transformarán en parte de una cultura, para posteriormente culminar el periplo en un retorno a la divinidad mediado por una resurrección y muerte del Ego.

En términos cotidianos cada niño se verá enfrentado a la enorme tarea de salir de la posición incestuosa con su madre para consolidar una unidad propia e individual, distinta de sus progenitores. Este proceso deberá transcurrir en lo básico por tres etapas que le permitirán al niño transformarse en un Yo. Esta distinción personal será la base de un ser humano con una profunda dignidad y divinidad, capaz de amarse a sí mismo y de derramar amor a los iguales. La incapacidad para culminar este proceso dará como resultado a un ser humano intolerante, posesivo, temeroso, necesitado y dependiente. La Madre será la gran valla que deberá sortear este niño(a) en sus ansias de completarse como un ser igual a la divinidad, hecho a imagen y semejanza a Dios.

Las etapas-procesos que cada cual deberá enfrentar son:

1-El logro de constancia de objeto, que ocurre cerca de los tres a cuatro años y que le permiten a este héroe sus primeras nociones concretas de un ser distinto de los otros y de su madre.
2-La función Edípica que permitirá estructurar una función pensante y de ser, permitiéndole la incorporación de unidades significantes que determinarán la realidad.
3-El proceso de pubertad y adolescencia que serán el instante definitivo de estructuración o desestructuración de significantes y el inicio de una búsqueda que culminará muchos años después.

Estos tres hitos están marcados por la angustia como acompañante y el miedo a la transformación, muerte y resurrección, o al establecimiento del gran enemigo de la evolución humana, la cobardía, que lleva a una incapacidad de transformación de la semilla en la flor, a la detención del proceso y muchas veces al sufrimiento, la enfermedad o la muerte en vida.
La congelación del proceso evolutivo es la muerte del Self y supone un traspié en el colectivo inconsciente hacia el retorno al Atman, Dios, la Nada.

“Es Dios quien quiso verse a si mismo y por eso creo el mundo y el deseo de sus criaturas de verle no es más que su propio deseo de verse a si mismo” . Este pensamiento Zen nos permite comprender cómo cada Self es parte de una necesidad divina de evolucionar y producir un proceso de transformación global, tal vez incomprensible para nosotros, pero que transforma a cada niño en un Ojo de Dios en la tierra. Los Sufi tienen la creencia que al no poder Dios solucionar la angustia de su propia muerte entonces se desparramó (involucionó) en todos los seres vivos, para que éstos pudiesen solucionar su propia angustia y de esta manera la de Dios.

 

 

 

 

 

 

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